miércoles, 26 de noviembre de 2014

martes, 25 de noviembre de 2014

DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Benito y Tomasa
PRIMERA ESCENA
Narrador: Había una vez un circo llamado “El Sol”, en el que trabajaban muchas personas. Entre una de ellas estaba Benito, un mago y adivino.
Benito: Hoy estoy muy cansado, iré a mi casa y espero que esté hecha la comida, mi ropa lavada, la cama hecha,… en fin todo preparado para que llegue y me eche una buena siesta. O si no….
Tomasa: Benito… ¿otra vez has llegado tarde al trabajo? Ya llevas una semana llegando una hora tarde. ¿Es que no te preocupa tu trabajo? ¡Más quisiera yo trabajar en un circo! Es lo único que tenemos para ganar dinero.
Benito: ¡Tú, calla! ¡No sirves para nada, sólo para fregar y limpiar la casa!
SEGUNDA ESCENA
Narrador: Benito tenía una  mujer llamada Tomasa, a la que no respetaba ni apreciaba su trabajo. A ella le gustaba mucho el circo, pero Benito no la dejaba ver ni representar las actuaciones porque él decía que Tomasa no servía para nada.
Tomasa: ¿De verdad que no puedo participar en el circo?
Benito: No. ¡Calla ya! Te repito: ¡que no sirves para nada! ¿Cuántas veces tendré que decirlo?
Tomasa: ¡Qué mal! Estaba deseando participar en la próxima actuación. ¡Qué rollo! Siempre estoy limpiando y tú no haces nada. No valoras mi trabajo. Es muy duro. ¡Siempre hago lo mismo
Benito: ¿Duro?  ¿Tu trabajo? ¡Yo me parto los huesos intentando hacer reír a la gente! Aunque no se ríen lo suficiente. Ya no les gusta el circo como antes. No ganamos tanto dinero. El trabajo está empeorando.
Tomasa: La solución es que yo vaya un día, ¡por favor!, aunque sea uno.
Benito: ¡¡Noooo!! –gritó Benito.
Narrador: Tomasa salió de la cocina y se dirigió al cuarto de limpieza… (muy triste)
TERCERA ESCENA
Narrador: Al día siguiente, Benito fue al trabajo.
Benito: Me voy al trabajo. Espero que cuando vuelva, por tu bien, esté todo limpio.
Tomasa: Sí, ya lo sé. Siempre me dices lo mismo. Yo a trabajar y tú pasándotelo bien, preparando la siguiente obra. ¿De qué trata la próxima actuación, la que yo no voy a poder participar?
Benito: No te lo diré.
Tomasa: ¡Qué rollo!
Benito: Bueno, me voy a trabajar, ya llego tarde. ¡No quiero que te quedes sin hacer nada. ¿Entendido?
Tomasa: Síííí… ¡Qué raro, es la primera vez que te preocupas por tu trabajo! –dijo Tomasa murmurando.
Benito: ¿Qué has dicho?
Tomasa: Nada, nada. No te preocupes. Pero vete ya, tengo que trabajar y tú debes marcharte ya.
Benito: Bueno, calla ya, por primera vez tienes razón.
Tomasa: ¡Oh, gracias! Entonces, ¿me dejarás ir al circo para representar la siguiente actuación? ¡Por favor!
Benito: Tú, no tienes que actuar. ¡Ya eres una payasa!
Tomasa: ¡Calla, Benito! No me insultes. Yo soy una persona igual que tú y tengo mis derechos.
TERCERA ESCENA
Narrador: Tomasa terminó de poner una lavadora, cuando se acordó de las actuaciones que hacía en el colegio.
Tomasa: Ojalá pudiera actuar como lo hacía de pequeña y como actúa Benito.
Narrador: Y justo cuando Tomasa pronunciaba esas palabras, llegó Benito y se cabreó al saber que Tomasa creía que el trabajo de Benito era muy fácil y divertido.
Benito: Mi trabajo es de lo más duro y serio que existe, Tomasa. Debemos aprendernos unos guiones muy largos y complicados.
Tomasa: Sí, Benito. Tu trabajo es divertido y yo lo interpretaría con mucho gusto.
Benito: Anda, ¡cállate ya! No dices más que tonterías.
Tomasa: Vale, pero sigo pensando que tu trabajo es divertido
QUINTA ESCENA
Narrador: Benito estaba preparando la próxima actuación. ¡Era divertidísima! Benito tendría que aprenderse mucho texto, pero ese era la consecuencia de divertir a la gente, o eso creía Benito.
Tomas: Dice Benito que hay que aprenderse mucho texto, pero yo creo que es mejor no decir tanto texto y, en cambio, cantar, bailar, hacer algunos juegos,… El próximo miércoles habrá una obra espectacular, o eso creo… Sería bonito que la viese. Además, aprendería qué es un circo y qué es lo que se hace allí. ¿Y si me escapo a ver las actuaciones? Pero, actuará Benito…. Y me podría ver. ¿Y si me escondo entre el público? ¡Eso es! ¡Me esconderé y veré cómo se trabaja en el circo!
Narrador: Tomasa acaba de idear un plan para ver cómo es y cómo se trabaja en el circo.
Tomasa: Bueno, mañana empezará mi plan para escaparme al circo.
Narrador: Al día siguiente, a la hora del comienzo de la actuación, Tomasa se preparó.
Benito: Damas y caballeros. Con todos ustedes mi historia fascinante sobre los tres cerditos.
Narrador: Y nada más empezar, la gente se aburrió y se fue. Benito se quedó solo con sus compañeros.
Tomasa: Alaaaaaa… Ya sé por qué la gente se marcha tan rápido. ¡Qué rollo! Es verdad. Es muy aburrido, sólo cuentan cuentos. ¡Oh, no! Se ha ido todo el mundo y no queda nadie para esconderme. ¡Oh, sí! Allí hay dos personas, pero también están dormidos de aburrimiento.
Benito: ¡Jooo! Ya se ha ido todo el mundo otra vez.
Tomasa: ¡Ohhh! Ya se marcha Benito. Yo también debo marcharme, o si no, me descubrirá.
Benito: Ya me voy a mi casa. He hecho todo lo que podido.
SEXTA ESCENA
Narrador: Tomasa llegó a su casa a tiempo, y de milagro Benito no la descubrió.
Benito: Ya he llegado.
Tomasa: ¡Holaaa!
Benito: ¿Qué has hecho?
Tomasa: Llevo aquí todo el día, no he salido para nada.
Benito: (Mira a Tomasa con cara extrañada) Sí, sí, pero… ¡callate ya!
Tomasa: Vale. (Se ríe disimuladamente)
Benito: Al día siguiente, Benito estaba fastidiado por un molesto dolor. Entonces, Tomasa llevó a Benito al hospital.
SÉPTIMA ESCENA
Narrador: El médico lo revisó y dijo que tenía que reposar y no hablar muy fuerte. Tendría que estar sin trabajar durante tres semanas.
Benito: ¿Qué? ¡No podré ir a la próxima actuación!
Tomasa: Tú ayer dijiste que no tenías suplente, ¿quién hará tu trabajo?
Benito: No lo sé. –contestó Benito en voz baja.
Narrador: Benito y Tomasa se fueron a su casa. Benito iba muy triste, preocupado y dolorido por sus dientes.
Tomasa: Debes descansar, y no podrás actuar.
Benito: ¡Ya! No sé qué voy a hacer.
OCTAVA ESCENA
Narrador: Benito no podía ir a los ensayos, pues estaba dolorido.
Tomasa: Me ha llamado el médico y me ha dicho que tienes una muela picada. ¿Es ese tu dolor?
Benito: Sííí… –dijo Benito en voz baja, porque eso era lo que el médico le recomendó.
Tomasa: Vale, sigue descansando en tu cama o estarás dolorido durante mucho más tiempo.
Benito: Vale, ¡qué mal me siento! –murmuró Benito.
NOVENA ESCENA
Tomasa: Al día siguiente, Benito se sentía peor. Y ese día era la representación en la que tendría que actuar Benito.
Benito: Voy a llamar a alguno de mis compañeros de trabajo y les preguntaré que si han encontrado algún suplente para sustituirme.
Narrador: Benito llamó a sus amigos y les preguntó, aunque la respuesta no le gustó mucho a Benito, puesto que le respondieron que no habían encontrado a nadie.
Tomasa: Voy a prepararte una tila.
Benito: Sí, sí, calla y date prisa, que ya ves cómo me encuentro.
Tomasa: Sí, sí. ¿A qué hora es la actuación que representarías tú?
Benito: Es a las siete. Y deja de hablar de eso, ¡me pone de los nervios!
Tomasa: Vale, creo que podré ir. ¡Será mi primera actuación en el cine! –murmuró Tomasa.
Narrador: Tomasa ya había planeado para ir al circo y sustituir a Benito, aunque no contando cuentos. A Tomasa se le ocurrió una idea más divertida.
Tomasa: Benito, tengo que irme.
Benito: ¿A dónde?
Tomasa: Eeeee… ¡Al supermercado!
Benito: Vale, no tardes mucho. Ya sabes cómo me encuentro.
Tomasa: Sí.
(Tomasa sale de su casa y se dirige al circo)
DÉCIMA ESCENA
Tomasa: ¡Qué ilusión por participar en el circo!
Narrador: Tomasa llegó al circo y el público no espera la actuación de Tomasa
Tomasa: Buenas tardes. Ahora, vosotros y yo vamos a cantar una divertida canción.  
Narrador: Tomasa comienza a cantar una famosa canción infantil.
Tomasa: ¡Hola, Don Pepito!
Todos: Hola, Don José. (Murmura el público porque nunca habían hecho algo así)
Tomasa: ¿Pasó usted por mi casa? (Señala al público para que siga la canción)
Narrador: Todos se divierten con la canción y se ponen a bailar, ¡parecían patos mareados! Después de la actuación, Tomasa estaba supercontenta y muy agotada.
Tomasa: ¡Qué bien!, creo que les ha gustado.
Narrador: Tomasa vuelve muy contenta a su casa y le cuenta lo sucedido a Benito, aunque él no cree que le haya gustado al público. Para asegurarse, llama a uno de sus amigos.
Benito: Hola, ¿eres mi compañero de trabajo? Quería saber si de verdad Tomasa ha actuado bien y ha tenido éxito.
Narrador: Benito se quedó patidifuso, ¡era verdad! Entonces, Benito comprendió que su trabajo también lo podía realizar una mujer, que entre hombres y mujeres debe haber igualdad. Desde aquel día, Benito y Tomasa compartieron escenario en el circo.
Escrito por Rocío Corral León, Andrea Labunet y Rafael Bueno Polo.


Un gran bailarín
Narrador: Esta historia comienza en una clase de 5º de primaria, cuando la profesora dice a sus alumnos las actividades extraescolares programadas para el curso.
Profe: Bien alumnos, las actividades extraescolares para este curso son: baloncesto, fútbol y ballet. Dejaré los papeles en la mesa y que cada uno coja el que quiera
Narrador: Uno a uno fueron pasado y cogiendo los papeles. Al llegar a casa, Juan llamó a su hermana.
Juan: ¡Ana, Ana! ¿Tienes un minuto?
Ana: Sí, dime.
Juan: Necesito que me des tu opinión sobre una cosa.
Ana: Pues cuéntame y veré si puedo ayudarte.
Juan: Hoy, el profe, nos ha dicho las actividades extraescolares que habrá este año en el colegio y yo… yo…
Ana: Y tú, ¿qué?
Juan: Pues que yo he elegido ballet.
Ana: Muy bien y… ¿cuál es el problema?
Juan: Pues… que me da un poco de vergüenza.
Ana: ¿Y por qué?
Juan: Porque eso es cosa de niñas.
Ana: ¿Quién te ha dicho eso?
Juan: Nadie, pero sólo se han apuntado chicas. Y estoy seguro que mis amigos se reirán de mí.
Ana: No hay por qué.
Juan: ¡Ya verás!
Ana: Yo juego al fútbol y mis amigos y amigas no se ríen de mí.
Juan: Ya, pero no es lo mismo.
Ana: ¡Venga! No te preocupes. Seguro que cuando te vean bailar, cambiarán de opinión.
Juan: No sé. Me da un poco de vergüenza.
Ana: Confía en mí. No hay cosas para niños o para niñas, sólo hay que demostrárselo a quien cree que eso es así.
Juan: ¿Seguro?
Ana: ¡Qué sí! No te preocupes y adelante.
Narrador: Por la mañana, al levantarse, Juan seguía con dudas.
Juan: El ballet, ¿es sólo cosa de niñas?
Padre: No, Juan. ¿Por qué lo preguntas?
Hombre: Porque… porque me he apuntado a ballet y tengo miedo a que se rían de mí.
Padre: No pasa nada, Juan. No se reirán de ti. Venga, date prisa en desayunar que nos vamos al colegio.
Narrador: En el colegio, cada alumno entregó a la profe la actividad a la que querían apuntarse.
Amigo 1: Juan, ¿a qué te has apuntado?
Amigo 2: ¿A fútbol o a baloncesto?
Juan: Pues, pues a ballet.
Amigo 1: Ja, ja, ja.
Amigo 2: ¡Ya verás cuando se lo diga a los demás!
Juan: No me importa. Voy a hacer lo que me gusta y os demostraré que eso no es cosa de niñas.
Narrador: Pasaron los meses y los alumnos de ballet prepararon una función. Todos los amigos de Juan estaban allí, esperando para reírse de él. Pero cuando vieron bailar a Juan, todos se quedaron boquiabiertos. Cuando terminó la función, todos sus amigos lo estaban esperando.
Amigo 1: ¡Enhorabuena, Juan! Has estado genial.
Amigo 2: No puedo creer lo bien que has bailado.
Amigo 1: Creo que te debemos una disculpa. No nos dimos cuenta que no hay cosas sólo para niños ni sólo para niñas, ya que todos somos iguales.
Juan: No te preocupes, no pasa nada. Con haber conseguido que cambies de opinión, me conformo.
Amigo 1: Sí, sí, hemos aprendido la lección.
Ana: ¡Muy bien, Juan! ¿Ves cómo serías capaz?
Juan: ¡Ya! Tenía un poco de vergüenza, pero al final… ¡todo ha salido genial!
Ana: No hay nada que un niño o niña no pueda realizar si se lo propone.
Juan: Tenías razón, hermana. ¡Gracias!
Narrador: A partir de ese día, muchos niños se animaron a bailar ballet como Juan.
Moraleja: Por ser niño o niña no somos diferentes. No tenemos que hacer caso a los demás. Somos libres de pensar y hacer lo que queramos. TODOS SOMOS IGUALES.
Escrito por Jesús Peligro Palma y Pablo Ramírez Romero.


La jueza justiciera
Narrador: Érase una vez una mujer que era maltratada y discriminada por su esposo, que sólo bebía, fumaba y se quejaba de todo lo que hacía su esposa.
Esposo: ¿Por qué hoy no has ganado nada de dinero? ¡So gandula! Como sigas así, vas a acabar durmiendo en el jardín.
Esposa: No, cariño. Yo no trabajo. Tú eres el que trabaja y no me puedes echar al jardín, porque vivimos en casa de mis padres.
Esposo: ¿Por qué me das órdenes tú a mí? Como sigas así, te voy a atar a lo alto de la chimenea.
Esposa: No hay chimenea porque tú la has tirado, mejor dicho, te has estrellado con el coche contra ella.
Esposo: ¡Me tienes harto con tus tonterías! A mí no me habla así nadie y… ¡menos tú!
Esposa: No me rompas más cuadros en la cabeza que con todos los porrazos que me das, ya llevo 25 puntos.
Esposo: Te van a poner 25 puntos más como sigas así.
Narrador: Y siguieron peleándose toda la noche. El vecino, quejándose de los ruidos, llamó a la policía.
Policía: ¿Qué pasa aquí? ¡Oh! Si eres quien formó la pelea en el bar. ¿Qué ha pasado aquí?
Narrador: El policía, sorprendido de cómo estaba la casa, los perdonó porque en una ocasión les había ayudado a arrancar el coche que se le había calado.
Esposo: ¿Has visto lo que has montado? ¡Sinvergüenza! Me tienes hasta las narices. Por poco nos meten entre rejas.
Esposa: Lo siento. No me vuelvas a dar con la espátula porque no podré hacer más tortillas que ya salen rotas de cómo está la espátula.
Esposo: Pues compras otra, so tonta. Te meto una que lo flipas.0
Esposa: ¿Con qué dinero si no trabajas? Estás todo el día durmiendo.
Narrador: El hombre se hartó, cogió un bate y le pegó.
Esposo: ¿Has visto lo que ocurre por meterte conmigo?
Esposa: Sí, ¿qué has hecho? Un golpe impresionante. Has mandado el gato por la ventana del vecino que es alérgico a los gatos. No sabes nada porque está borracho.
Esposo: Que beba tanto no significa que esté borracho, aunque estoy mareado.
Narrador: El hombre se desmayó, durmiendo abrazado a la tele.
Esposa: Eso es, duerme. Mañana estarás con resaca.
Esposo: ¿Qué ha pasado, esposa asquerosa? Me tienes hasta las narices. ¿Por qué me has apartado de la tele?
Esposa: Es que después vomitas encima de ella, apesta y se rompe.
Esposo: ¿Y qué quieres que haga? Tú también lo hubieras hecho. ¡Tonta perdida!
Narrador: El vecino se volvió a hartar y llamó a la policía.
Policía: ¿Qué pasa aquí? ¡Ah! Sois vosotros otra vez.
Esposa: Pasa que me pega y me insulta todos los días de mi vida.
Esposo: ¡Eso es mentira, señor policía! Tengo pruebas. El vecino podrá demostrarlo.
Narrador: El vecino declaró que el hombre le había tirado un gato a la cara, siendo alérgico a los gatos.
Policía: Entonces, será llevado ante la jueza.
Narrador: En el juzgado, la señora jueza pregunta a la esposa.
Jueza: ¿Por qué ha presentado cargos contra su marido?
Esposa: Porque me han puesto muchos puntos de las palizas que me pega. Me conocen en el hospital de todas las veces que he tenido que ir. ¡Me tiene hasta el moño!
Jueza: ¿Tiene usted pruebas que demuestren su inocencia?
Esposo: No, señora jueza.
Jueza: ¿Tiene algo que declarar?
Esposo: Sí, que es muy fea y tonta.
Esposa: Pero… ¿tú te has mirado?
Jueza: Entonces, mi sentencia es que el marido vaya a la cárcel.
Narrador: La moraleja, niños, es que no debéis discriminar ni maltratar a otras personas porque todos somos iguales.
Escrito por Rafael Tejero Franco y Adrián García Bocero.


Javier y Julia
Narrador: En una ciudad, llamada Nueva York, vivían dos familias que eran vecinas. Tenían unas enormes casas con jardines hermosos y con mucha sombra.
Una de las dos familias tuvo un bebé, que resultó ser varón, y al que pusieron de nombre Javier. A los dos meses nació Julia, la niña de la vecina.
Desde pequeños, Javier y Julia, estaban siempre juntos, jugando, divirtiéndose y hasta merendaban a veces juntos.
Las familias decidieron apuntar a sus hijos en la misma Guardería, ya que eran tan amigos.
A Javier, desde pequeño, se le vio su afición a la pelota y Julia, como era su amigo preferido, siempre jugaba con él.
A los tres años, fueron al colegio. Era un enorme edificio con muchos alumnos y muchos profesores. También tenía un  gran patio para que los niños y las niñas jugasen a lo que quisieran.
Allí, Javier hizo un grupo de amigos a los que también les gustaba jugar al balón.
Por las tardes, ese grupo de amigos se reunía para jugar, y Javier siempre iba acompañado por Julia.
Pasaron algunos años. Cada vez se hicieron más mayores y fueron aumentando su fuerza y su capacidad para jugar al fútbol.
Un día, los amigos de Javier decidieron que Julia, por ser niña, no perteneciera a su equipo y, de esta manera, se lo dijeron a Javier.
Javier: ¿Pero por qué no puede jugar Julia?
Amigos: ¡Es una niña! ¡Nunca ganaremos con ella en el equipo!
Javier: Si no juega ella, no jugaré yo.
Javier le contó a su amiga Julia lo que había sucedido y ella se entristeció mucho y comenzó a llorar.
Javier: No llores, Julia –le dijo Javier–. Les diremos a nuestras familias que nos apunten a una escuela de fútbol donde no importe si somos niños o niñas.
Narrador: Javier y Julia hablaron con sus padres y le contaron lo que les había sucedido, y estos decidieron llevarlos a una escuela de fútbol, como querían sus hijos. En esta escuela, Julia y Javier aprendieron técnicas de regateo, de chutes, de pases, de centros y remates,…
Y así fueron mejorando, cada vez más, sus capacidades. A lo largo del tiempo, sus equipos subieron de categoría.
Un día, los amigos de Javier fueron a verlo jugar un partido, que era la final de la liga. Durante el partido, Julia marcó el primer gol, que fue el que le dio la victoria a su equipo.
Los amigos de Javier se quedaron con la boca abierta al ver que le entregaban a Julia el trofeo como “máxima goleadora” de esa liga, con veintitrés goles.
Ellos se arrepintieron de no haberla tenido en su equipo.
Escrito por Daniel Selfa García y Miguel Moreno Díaz.

La historia de Juan y Laura
Narrador: La historia ocurre en una empresa en la que se ofrecen dos puestos de trabajo, uno de limpieza y otro de agente comercial. A la entrevista se presentan dos personas, Juan y Laura.
Juan: Hola, buenos días. Venía a realizar la entrevista de trabajo para…
Narrador: Le interrumpe la secretaria para coger el teléfono.
Secretaria: ¡Shhh…! Disculpe un momento, tengo que atender la llamada. Siéntese un segundo.
Narrador: En ese momento, llega Laura.
Laura: Buenos días. Vengo para la entrevista de…
Narrador: La secretaria le hace un gesto como si supiese lo que Laura iba a decir y le señala la silla para que se siente. Cuando terminó de hablar por teléfono, se dirige a los dos y les dice:
Secretaria: Perdón por haceros esperar, era el señor Martínez. Me acaba de decir que tiene un poco de prisa y tendrá que realizar la entrevista a los dos a la vez, ¿no os importa?
Juan: Por mí, no hay ningún problema.
Laura: Por mí, tampoco.
Secretaria: Pues, entonces, pasen. El señor Martínez les está esperando.
Señor Martínez: Buenos días. Soy el señor Martínez, jefe de personal. Encantado de saludarles. No os hago esperar más y empecemos con la entrevista.
Bien. Dígame su nombre y edad.
Laura: Me llamo Laura y tengo 28 años.
Juan: Yo soy Juan y tengo 36 años.
Señor Martínez: ¿Qué experiencia tienen en el sector?
Narrador: El señor Martínez no sabía que su secretaria no les había preguntado para qué puesto venía cada uno.
Laura: Pues yo estuve 6 años trabajando para una empresa farmacéutica.
Juan: Yo estuve trabajando 12 años en una gran cadena de supermercados.
Señor Martínez: ¿Por qué motivo dejaron sus trabajos?
Laura: Porque la empresa redujo el personal.
Juan: Yo, porque pedí un año de excedencia para cuidar a mi hijo pequeño y luego no me readmitieron.
Narrador: El señor Martínez puso cara de asombro.
Juan: Parece sorprendido.
Señor Martínez: No, no,…
Juan: ¿Acaso le parece tan raro?
Señor Martínez: La verdad es que me resulta un poco raro que sea el hombre quien pida una excedencia para cuidar a su hijo.
Narrador: Laura, muy enfadada, exclamó.
Laura: ¿Acaso piensa que el cuidado de los hijos es cosa sólo de mujeres?
Señor Martínez: No, no,…
Narrador: En esta situación, titubeó el señor Martínez y prosiguió.
Señor Martínez: Sólo que no es muy habitual.
Laura: Pues tan capacitado está un hombre como una mujer para cuidar a un hijo.
Señor Martínez: Perdón si le he ofendido. Si les parece, seguimos con la entrevista.
Juan: Esta bien.
Laura: De acuerdo.
Señor Martínez: Juan, ¿podría disponer de su coche para visitar a los clientes?
Juan: ¡Perdón! ¿Qué clientes? Yo vengo para el puesto de limpieza.
Laura: Ja, ja, ja, ¿pensaba usted que yo, por ser mujer, venía a limpiar?
Narrador: El señor Martínez se puso rojo como un tomate al ver que, nuevamente se había equivocado y que había dado por hecho lo que no era.
Señor Martínez: Mil perdones.
Laura: Soy capaz de realizar el trabajo de comercial como cualquier hombre lo haría.
Juan: Y yo el de limpiadora, como cualquier mujer.
Señor Martínez: Creo que hoy he aprendido la lección por duplicado. Un hombre y una mujer pueden realizar el trabajo que deseen, sin caer en el machismo.
Narrador: El señor Martínez les pidió, de nuevo, disculpas y terminó por contratar a Juan como limpiador y a Laura como agente comercial. Y los dos desempeñaron, a las mil maravillas, sus nuevos trabajos.
Escrito por Nacho Ostos Nieto y Jesús Fernández Cumplido.

Si te maltratan, denuncia
PRIMERA ESCENA
Narrador: Esta es la historia de un matrimonio que vivía en un pueblo.
Mujer: Toma, aquí tienes tu cerveza. –dijo la mujer.
Hombre: Has tardado bastante, vete de aquí que no quiero ver tu cara de estúpida, ¡mujer tonta!
Narrador: La mujer se fue llorando. Cogió el teléfono para quedar con su amiga y hablar de lo que le había sucedido.
Amiga: ¿Qué te pasa, amiga?
Mujer: Que mi marido me ha insultado.
Amiga: Mujer, llama a la policía.
Mujer: Sí, vale. Pero primero hablaré con mi marido.
Narrador: La mujer no le dijo nada a su marido porque le tenía miedo. Al día siguiente, ella se quedó sola en su casa. Mientras que el marido la buscaba para mandarle tareas. El hombre fue a la casa y se la encontró. Este le dijo.
Hombre: ¿Dónde estabas, estúpida?
Mujer: En la casa de mi amiga.
Hombre: ¿No se lo habrás contado?
Mujer: Sí, se lo he contado, necesitaba contarlo.
Hombre: Te voy a pegar.
Narrador: El hombre le pegó a su mujer y la dejó tirada en el suelo. Entonces, vino su amiga a visitarla.
Amiga: ¿Qué te ha hecho?
Mujer: Mi marido me ha pegado.
Amiga: Voy a llamar a la policía.
Mujer: Sí, llámala.
Narrador: La amiga llamó a la policía y fueron a la casa del matrimonio.
Policía: ¿Qué ha pasado aquí?
Amiga: Le han pegado.
Policía: ¿Quién?
Amiga: Su marido.
Policía: ¿Dónde está?
Mujer: En la cocina.
Narrador: El policía detuvo al marido y lo encerró en la cárcel durante un año.
SEGUNDA ESCENA
Narrador: Cuando el hombre salió de la cárcel, se fue a la casa donde vivía antes con su mujer. Al ver que no estaba, se marchó a buscarla. Cuando la encontró, le dijo.
Hombre: ¿Te vuelves a casa conmigo?
Mujer: Sí, si no me maltratas.
Hombre: Vale, te prometo que no te maltrataré.
Narrador: La mujer fue a casa de su amiga para que le aconsejara sobre lo que había sucedido.
Mujer: ¿Debería casarme otra vez con mi exmarido?
Amiga: Debes darle otra oportunidad.
Mujer: Sí, le daré otra oportunidad.
Narrador: La mujer se marchó a buscar a su exmarido y le dijo.
Mujer: Sí, me casaré contigo, si te comportas bien conmigo durante un mes.
Hombre: Vale, me comportaré bien contigo un mes. Verás que he cambiado.
Narrador: El mes pasó rápidamente y el día de la boda llegó. El hombre le dijo a la mujer.
Mujer: ¿Dónde vamos a ir de luna de miel?
Hombre: Ya te lo diré. Será una sorpresa.
Narrador: Después de la boda, se fueron de luna de miel a una montaña. Un sitio muy tranquilo y solitario.
Hombre: Venga, vamos a subir a la montaña.
Mujer: Sí, vale. ¡Vamos!
Narrador: Subieron a la montaña y vieron las hermosas vistas desde lo alto de la montaña.
Hombre: ¡Acércate y verás qué bonitas vistas se divisan desde aquí!
Mujer: Vale.
Narrador: El hombre la tiró por la montaña. La mujer rodó hasta el pie de la montaña. Entonces, el hombre bajó rápidamente y comenzó a insultar a su mujer.
Hombre: Te encerraré en esa cueva.
Mujer: No te saldrás con la tuya.
Narrador: El hombre la encerró en la cueva y se marchó al pueblo.
Hombre: Mi mujer se ha caído por la montaña.
Amigos: ¿Se ha muerto?
Hombre: Sí, se ha muerto.
Narrador: La mujer, por un whatsapp, le dijo a la policía.
Mujer: Mi marido me ha encerrado en la cueva de la montaña.
Policía: Enseguida estamos allí.
Narrador: El policía liberó a la mujer y arrestó para siempre al marido.
Moraleja: Cuando una persona maltrata a otra, no merece la pena estar a su lado y hay que denunciarlo.

Escrito por Jaime Al-Shougri Gómez y David Torrico Salas.

domingo, 23 de noviembre de 2014

viernes, 21 de noviembre de 2014

CELEBRAMOS EL CUMPLEAÑOS DE JESÚS Y DE RAFA

¡¡¡FELICIDADES, RAFA Y JESÚS!!!

Hoy, hemos celebrado dos cumpleaños: el de nuestro compañero Jesús Fernández Cumplido y el de Rafael Bueno Polo. Después de cantarles y desearles que disfruten de un maravilloso día, hemos degustado de un buen trozo de bizcocho y un batido de chocolate.
Os mostramos varias fotografías de ese momento vivido todos juntos.
¡¡¡FELICIDADES, RAFA!!!  ¡¡¡FELICIDADES, JESÚS!!!

domingo, 16 de noviembre de 2014